Aunque pensemos que somos libres, no lo somos ni en pensamientos. Te levantas un día sabiendo que los tienes enjaulados, que están bajo llave en algún lugar de tu efímera cueva dando gritos sordos que a veces, aunque lo evites, oyes en el silencio de la noche. No quieres escucharlos porque sabes que te van a doler pues aquello que más temes, es lo que más fuerza tiene; por ello, los castigas con tu ignorancia y tu abandono. No sé cuanto tiempo conseguiré retenerlos, no sé si alguna vez me arrepetiré de ello... solo espero que si algún día se escapan, sean simplemente un bonito recuerdo o una realidad sin daños a terceros.
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